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jueves, 28 de enero de 2016




- OTROS ABANDONOS -


TOLEDO
- Manantial Venta del Hoyo -








En 1866 el abogado, historiador y periodista Antonio Martín Gamero publicaba Aguas potables de Toledo, una monografía que repasaba los «proyectos realizados o simplemente concebidos» para saciar la sed de los toledanos, además catalogar sesenta y dos lugares por donde corría el agua en forma de arroyos o fuentes de «uso comunal», sin aludir a los veneros existentes en dominios particulares entre los que, cincuenta años más tarde, destacaría, por ejemplo, la Venta del Hoyo, finca enclavada en los ocres cerros de la carretera de Ávila, cuna de un manantial que propició una industria de aguas envasadas y un hospedaje para una selecta clientela.




El origen de la historia se fecha en 1916, cuando el propietario, Antonio Vélez Hierro, concluía que, tras una serie de observaciones personales sobre la diabetes que padecía, notaba cómo su salud mejoraba cuando disfrutaba del descanso en este dominio donde ingería habitualmente el agua allí extraída. Tal sensación le animó a consultar a varios facultativos y analizar las posibles propiedades terapéuticas de los caudales de su pozo, historia que luego reseñaba a través de la publicidad insertada en la prensa local y nacional bajo la marca comercial Aguas de la Venta del Hoyo.


La inauguración de la industria hídrica aconteció el 23 de julio de 1917 tras haber acometido algunas obras como la protección del pozo y la fuente, cuya embocadura fue ornamentada con un escudo de Toledo en azulejos. Allí se procedía a al rellenado de las botellas para propiciar la distribución, bien en el mismo lugar o bien a través de envíos previamente solicitados.


El acto inaugural reunió a ilustres personajes de la vida toledana, siendo bendecida por el capellán mozárabe José de la Llave. La prensa anota que la casa Excelsior de Madrid sirvió un banquete consonante con el empaque de la jornada. El propietario declaró a la prensa que ya abastecía de 30.000 botellas anuales a una firma madrileña, pensando abrir delegaciones en España, Portugal y América. También anunció la inmediata construcción de un balneario allí mismo, cuyo presupuesto estimaba en «100.000 duros», habiendo encargando la decoración al pintor Enrique Vera. A media noche, tras la cena, según refiere el diario El Castellano, la fiesta concluyó en el «deleitoso jardín que D. Gregorio Ledesma posee en el punto más poético de la ribera poética del viejo y romántico Tajo», junto a la iglesia de San Lucas.


Otras noticias sobre la Venta del Hoyo aparecieron en las páginas de Toledo. Revista ilustrada de arte (dirigida por S. Camarasa) con un artículo de Juan Moraleda y Esteban, «médico de la Beneficencia municipal», y un reportaje sobre la explotación del manantial donde se añude cómo el doctor Marañón había constado también los efectos favorables de este manantial.


La publicidad de las botellas envasadas, además de llevar el águila imperial, proclamaba la condición de «aguas bicarbonatadas, nitrato sódicas y radioactivas» para curar la diabetes, habiendo sido analizadas por el bacteriólogo Santiago Ramón y Cajal. Se apuntaba la bondad para combatir la obesidad, así como el aval de estudios aparecidos en revistas médicas. El propietario se enorgullecía de atender pedidos solicitados desde cualquier lugar y clientes como Antonio Maura, Vázquez de Mella, ilustres personales de las artes, los negocios y «hasta toreros». En septiembre de 1921, en plena guerra del Rif, como apoyo patriótico a sus paisanos, Antonio Vélez ofrecía «para soldados combatientes de la provincia toledana mil botellas de agua minero medicinal y 20 camas para heridos y enfermos toledanos».


Fallecido el promotor, la familia continuó el negocio de las aguas, limitando la demanda para no agotar el venero, además de abrir un hospedaje «con todo el confort y el refinamiento que pueda exigir el más exigente: lujosas y sanas habitaciones, trato esmerado, salón de lectura, cinematógrafos, cuartos de baños…». Funcionaba entre los meses de junio y septiembre, contando con espacios ajardinados, veladores, sillones y una terraza protegida por una marquesina para procurar una confortable sombra. También se levantó una capilla para atender las necesidades espirituales de la clientela trazada por Manuel San Juan, hijo político de la viuda de Vélez, con un retablo de la Milagrosa donada por la viuda de Fernández Gómez. Fue bendecida el 11 de julio de 1927 por el deán José Polo Benito en otra jornada que atrajo a una buena representación de la mesocracia local.


En los años treinta el negocio parece que ya fue decayendo para quedar a años después muerto y varado en medio de la nada. La fuente, el hotel o la capilla son hoy esqueletos desmoronados con restos trillados por el tiempo que mezclan, ladrillos, trozos del verde vidrio de las botellas y algún azulejo con el anagrama VH. Eso sí aún campea el rótulo elaborado por el ceramista Ángel Pedraza sobre la entrada, Manantial de la Venta del Hoyo, aunque es seguro que lo único que aquí mana son borrosos recuerdos y continuas preguntas sobre el pasado del lugar.



RAFAEL DEL CERRO MALAGÓN













































































(Visita realizada el 8 de Enero de 2015)