Un siglo más tarde, durante la Guerra de los Siete Años, la ciudad sufrió otro asedio desencadenando que el rey José I se planteara una reorganización de la plaza fuerte de Elvas. Marqués de Pombal, secretario de Estado, recurrió a Wilhelm von Schaumburg-Lippe para resolver este gran problema al que los portugueses no encontraban solución. El conde de Lippe utilizó el sentido común que parecía faltarle a los lusitanos y propuso defender la ciudad desde recintos exteriores igualmente fortificados; y así, nacieron ambos fuertes situados en sendas colinas.
El fuerte también resistió el asedio de las tropas españolas durante la llamada Guerra de las Naranjas (1801), y más tarde, durante la Guerra Peninsular, las tropas napoleónicas del general Nicolas Jean de Dieu Soult lo bombardearon sin llegar a tomarlo.
La construcción se inició en 1763, finalizándose 30 años después. Las obras de este fuerte -y todo el entramado defensivo de la ciudad- fueron encomendadas al General Rui Correia Lucas que actuó de hombre orquesta para construir una majestuosa fortificación, adaptando la ingeniería defensiva a las tácticas militares y artilleras de entonces.
Sin embargo, el Forte de Santa Luzia, el más accesible y cercano a la ciudad de Elvas, está abierto al público junto con el Museo Militar situado en su interior. Las vistas desde este otro fuerte también son maravillosas, pero el hecho de estar “habitado” le resta muchos puntos cuando lo comparamos con el de Graça.






































































