De Las Cabezadas quedan sólo algunas ruinas dispersas y un gran edificio con arco de medio punto que puede haber sido su iglesia.
Lo que alguna vez fueron pastos y pequeños robledales, ahora son pinares de repoblación.
El ICONA expropió en los setenta las tierras y el propio pueblo para dedicarlos a la reforestación.
Los habitantes que quedaban se mudaron a comarcas vecinas o emigraron a la ciudad, abandonando sus viviendas que hoy se ocultan entre los pinos, invadidas de maleza.